Zumaia-Slow-porteta

Ya comentaba al publicar el post de los “Ekitaldis para el finde” que lo que más me tentaba era la programación de “Zumaia Slow” con sus pintxos, sus atractivos menús y, además, la Feria Agrícola y Artesana. Por eso, me alegré un montón cuando me dijo Cal·loh que se apuntaba; primero, porque no cabe duda de que se disfruta más una buena comida cuando se conjuga con una buena compañía y una buena conversación (y esto, con Cal·loh está garantizado); pero además, teniendo en cuenta su origen andaluz y el hecho de que Zumaia fuese parte de “Argoitia”, ese extraño engendro de pueblo euskaldun que inventaron para “Ocho apellidos vascos”, nos garantizaba también las correspondientes risas al pasar por la fuente de san Juan (donde tiene lugar la escena de la manifa) y por la ermita de san Telmo (la escena de la boda).

Argoitia1 Argoitia2

Así que, pasadas las once y media, bajábamos del Topo y poníamos rumbo a la Parte Vieja, no sin antes agenciarnos un plano de la villa, que luego vendría muy bien como “megáfono” de atrezzo. En esta ocasión, la antigua estación del Ferrocarril del Urola no estaba en obras (como la última vez) y se había convertido en un centro de Osakidetza. Viendo el ambientillo que se respiraba en la bocana del puerto (había competición de traineras), decidimos seguir el paseo hasta el malecón y el faro; estaba repleto de gente, pero nos colamos en la zona de periodistas y estuvimos tan anchos, jeje.

SANY0062 SANY0063 SANY0064 SANY0066

Ya de vuelta, pasamos por los diferentes puestos de la feria y, tras aceptar encantados cuantas degustaciones nos ofrecieron (quesos, embutidos, paté de foie, euskal pastela), subimos hasta la iglesia-fortaleza de san Pedro y pudimos contemplar el retablo romanista de Juan de Antxieta. Bajando por san Pedro kalea se llega a la Fuente de san Juan, en Kale Nagusia, donde era preceptivo que Cal·loh se hiciese unas foticos en plan “Euhkadi tiene un coló ehpesiaaal“, que seguro que le valen un montón de “likes” en el facebook, jajaja! 😀

SANY0065 Zumaia-retablo SANY0067 SANY0068

Apenas nos quedó tiempo para una cervecita fresca mientras subíamos hacia Zelai, el centro de talasoterapia y hotel-restaurante donde teníamos reservado nuestro “Menú Slow”. Es curioso que a ambos nos había llamado la atención el primer plato: Salmorejo con tomates del país y anchoas de Getaria; lamentablemente para mí, tenía razón Cal·loh y se trataba de un salmorejo andaluz (una crema fría de tomate, pan y aceite) y no del mucho más contundente salmorrejo aragonés, que lleva longaniza, lomo, costilla, huevos, pan, aceite y harina (ya me extrañaba que lo pusieran de entrante, ya…).

SANY0069 SANY0071

En fin, pasado el chasco, debo reconocer que el salmorejo en cuestión estaba delicioso y con una textura delicadísima (“l’han tenío que colá“, decía Cal·loh, porque no se notaba ni una miga). El segundo entrante era Pulpo con lo mejor de nuestro caserío, un nombre que dejaba la imaginación abierta a las más variadas ilusiones…, ilusiones que se desvanecieron al encontrarnos con lo que más bien era un pintxito, tan bien presentado como escaso. Eso sí, la intriga continuó: “¿qué será esto morado?”, nos preguntábamos ante el pedacito de lo que yo creo que era un boniato; “¿y esto otro?”, ante una rodaja de embutido sabrosísimo que me recordaba a la butifarra de Binéfar. El trocito de pulpo estaba en su punto, consistente pero jugoso, lo que hacía añorar aún más que estuviese tan huérfano del resto del tentáculo. Ahí está el semblante resignado de Cal·loh al ver que el tamaño de las raciones no aumentaba (mientras “se acordaba cariñosamente” de la madre del que inventó la “nueva cocina vasca”).

SANY0072 SANY0073

De pescado, teníamos Bonito marinado en soja y naranja vuelta y vuelta, caramelizado con sésamo y verduritas. Dejando aparte que el nombre fuese más grande que el pedazo de bonito, hay que reconocer que estaba en su punto de hechura y de sabor, sabor que realzaba la fritada de verduritas (bien a gusto hubiese pedido un cazo más) y esa salsa de olivas verdes. De carne, había Solomillo de Euskal Txerri con terrina de beicon y queso Idiazabal. Aunque sólo hubiera sido por quedar bien, después de lo reducido de las raciones anteriores, bien podrían haberse estirado aquí con el solomillo de cerdo entero, ¡que tampoco es tan caro! Pero no, el trocito daba justo para cuatro bocados. Es justo reconocer, en compensación, que estaba espectacular: con su costrita crujiente, pero manteniendo la carne tierna en su interior; además, el beicon con Idiazabal estaba a la altura del paladar más exigente en sabores rotundos.

SANY0075 SANY0076

No sé si lo tendrán calculado, pero a pesar de la escasa abundancia de las raciones, al llegar a este punto me sentía satisfecho; no ahíto, no como un tripontzi, pero sí satisfecho y a gusto. Hasta tal punto que no me terminé el postre: Copa de queso con membrillo y nueces. Para ser sincero, es que tampoco me gustó mucho la textura grumosa que tenía; pero vaya, que si hubiese tenido hambre, me habría relamido hasta el vaso…

En conclusión: una cocina deliciosa con un producto de primera calidad y un dominio sobresaliente de la hechura al punto y el contraste de sabores. La presentación, como puede apreciarse, es una obra de arte que compite con las impresionantes vistas del mar y los acantilados que se disfrutan desde el comedor. El servicio, atento; sin alardes de amabilidad, pero correcto. Como puntos negativos, un par de detalles que desmerecen la experiencia gastronómica como un todo: •primero, la ya mentada escasez de las raciones (¿dónde queda el tópico de que aquí se come mucho? ¿dónde está ese restaurante de la película con el mega-menú de ocho platos?); •segundo, al menos en nuestro caso, la penosa –aunque extendida– costumbre de “clavarte” en la bebida (que no estaba incluida): me parece muy descarado cobrar 14€ por una botella de vino del año (¡y de Castilla-La Mancha; ni siquiera un Rioja!), particularmente cuando en su propia carta tienen el Marqués de Cáceres crianza a 16€ o el Remelluri reserva a 22€; además, nos cobraron el IVA aparte, cuando indicaba que estaba incluido en el menú. Son esos tristes detalles que hacen que te lo pienses antes de volver otra vez…

SANY0079 SANY0077 SANY0078 SANY0081

Quizá fuera mejor no haber acabado con la tripa demasiado llena, pues así no nos dio pereza acercarnos hasta san Telmo (donde tiene lugar la escena de la boda; una pequeña ermita del siglo XVI que se asoma a un acantilado de hace 65 millones de años), sacar las foticos correspondientes, disfrutar de su austero retablo rococó sin los típicos dorados propios del estilo, y terminar relajándonos con un buen txiflo de white widow mientras gozábamos de las vistas del flysch.

Era hora de decidirse: o nos lo tomábamos con calma y bajábamos a la Feria para comprar un pastel vasco y un queso de cabra curado a los que teníamos echado el ojo… o nos liábamos la manta y marchábamos hasta el Sagardo Eguna de Pasai Donibane. Aunque los pies y los ojos pesaban bastante más al levantarnos del banco, increíblemente fuimos capaces -después de tomar un cafecito en lo Viejo- de ir hasta el bus que nos llevaría a Donosti y de allí, a San Juan.

 

Anuncios
comentarios
  1. […] agravante de la cercanía. Por eso me sorprendió y me alegró muchísimo que, después de nuestra campaña gastronómico-cultural en Zumaia, lo poco que habíamos dormido y la beatífica relajación del txiflo, tuviésemos la presencia de […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s