Langostinos de Ibarra

Publicado: 2013/08/25 de QK en Basconia / Euskal Herria, foticos / argazkiak
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Langostinos de Ibarra

Este sábado era el día grande de las jaiak de Ibarra y, para celebrarlo, los productores locales y el Ayuntamiento (de Bildu, claro) ofrecen una degustación gratuita de tomates y de sus afamados “langostinos“. Era una buena ocasión para el reencuentro con Esti y Edgar, a quienes aún no había visto tras la vuelta de su aventura extremeña, y dado el menú herbívoro, también con Lauri, devota seguidora de la fe vegeta.

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Lauri nos esperaba en Tolosa, venida en su troncomóvil directamente de las impolutas cumbres de Beizama. Aprovechamos el mercado sabatino de Tolosa para aprovisionarnos de productos de la tierra (yo no pude resistir ante un delicioso queso de Zuberoa –o Xiberoa, como pronuncian en dialecto suletino–) y llegamos a la plaza del Ayuntamiento por el bidegorri que sigue la ribera del Elduarain.

Esperamos a que acabasen los crietes de darle al tambor y enseguida nos dispusimos a dar buena cuenta de las piperras y tomates, acompañados del Idiazabal y el queso de cabra que habíamos comprado y del vinito fresco que también ofrecía de baldes. Total, que lo que iba a ser un hamaiketako tardío, se convirtió en una comida completa que hizo innecesarios los bocatas que habíamos preparado, y que fue seguida de sus correspondientes cafés y patxaranak en Casa Zubiaurre.

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Cuando parecía que la lluvia y la modorra iban a hacer que terminase allí nuestra excursión, volvió a lucir Eguzkia y nos animamos a echar a andar hasta Leaburu; al fin y al cabo, sólo eran unos tres kilómetros… El problema es que eran todos p’arriba, empezando por la escalera, desde la que se divisa una hermosa vista de la plaza, en la que sobresale la torre de la iglesia de san Bartolomé, y desde la que pudimos contemplar a varios políticos del PNV en semilibertad.

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En la primera foto de arriba, tomada desde una sembrado de “langostinos”, una vez terminada la escalera eterna, se distingue al fondo Belauntza, el otro pueblo al que nos planteábamos ir, pero que descartamos porque parecía estar muy alto; enseguida pudimos comprobar que Leaburu estaba más alto aún 😦 Después de mucho sudar y arrastrar os libianos por el suelo (¡qué deterioro! tengo que dejar de fumar…), llegamos al tozal donde se encuentra Udaletxea (un edificio moderno, sin nada reseñable), la iglesia de san Pedro, y el frontón cubierto (elementos básicos mínimos de todo pueblo vasco).

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El otro elemento que tampoco suele faltar es una taberna, que en este caso es un ostatu bien pincho. Ahí hicimos una nueva paradica para restaurar fuerzas y charrutiar sobre lo divino y lo humano, mientras Euria seguía amenazando con reaparecer (con el acongojo correspondiente, dada la caminata que nos esperaba a campo abierto). Es de destacar la exótica forma que tienen de servir el patxaran: ¡con rodajita de limón y oliva rellena! Tan “exótica” como el camarero, claro, que obviamente no era de la tierra y debía de pensar que este divino licor era similar al vermut.

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Ya estaba bien entrada la tarde y era el momento de decidir si volvíamos a Ibarra deshaciendo lo andado, o nos arriesgábamos a caminar hasta Belauntza (cuyo frontón azul se distingue a lo lejos en la foto de la yegua coquetona, que mira de bislai a cámara y levanta la pata trasera para posar). Y ¿quién dijo miedo? Total, eran otro par de kilómetros… Así que allá que nos plantamos. La plaza (desde la que se divisaba Leaburu allá a lo lejos) cumplía igualmente con los requisitos básicos: la iglesia de san Juan Bautista -con su torre abierta abierta en la base, por donde pasaba la antigua calzada de Leauburu- la Casa Consistorial con su arkupe, el moderno frontón cubierto que veíamos antes y el bar-restaurante, del que emanaba un olorcillo a carne asada que hacía roñar las tripas de la parroquia. Como ni el tiempo ni la economía nos lo permitían, nos conformamos con un último pote antes de volver a Ibarra.

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Hubo suerte y la grúa no se había llevado el troncomóvil, así que pudimos llegar a tiempo a la estación (…aún nos sobró más de un cuarto de hora, ¡jaja!). En fin, un día completico tanto a nivel cultural como “gutural”, e incluso de ejercicio físico; por no hablar de la buena compañía. Para la próxima, dejamos pendiente el tramo de la GR entre Hondarribia y Pasaia; habrá que entrenar un poco…

comentarios
  1. QK dice:

    Aquí está el plano del recorrido completo, por si alguien nos quiere emular 🙂

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