Sobre las víctimas

Publicado: 2013/05/06 de QK en Basconia / Euskal Herria, ideyas / ideiak, trigas / aukerak
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beltza.gazteNuestros muertos tienen siempre un nombre, una familia, unos amigos, una carne precisa, con límites determinados y determinables en función de un conjunto de relaciones físicas y afectivas del que formamos parte. Hoy o ayer les hemos tocado, les hemos visto protegerse del frío, abrir un paraguas bajo la lluvia, abrazar a alguien, acostarse junto a nosotros; les hemos oído hablar, encadenar frases, ideas. tenían su vida propia; pero además les habíamos dado una vida concreta, precisa, que sólo la relación, la complicidad en una cultura, el afecto, pueden dar. Por eso tienen un nombre. Se llaman Txabi, Txikia, Tito o Argala. Todos tienen unas características globales que les consideremos tan nuestros como nosotros mismos, y todos tienen otros aspectos diferenciales que hacen que nos demos cuenta de que han muerto, de que no son sólo uno más de “los muertos por la causa” o de “las víctimas de la violencia”. Tienen un nombre preciso, y cuando mueren no preguntamos ¿cuántos? sino ¿quién?

Euskadi.1984.Beltza¿Cuántos?, por el contrario, lo preguntamos cuando los muertos, para nosotros sin nombre esta vez, son comisarios, sargentos o guardias segundos; la barrera es enorme y profunda. Cada muerto es, desde nuestra sensibilidad, anónimo e intercambiable. Sin embargo, cuando en un control, en una barrera, en una oficina, uno de ellos se descuida, ablanda el gesto, da la impresión de que su individualidad humana rompe la coraza del uniforme, les miras las manos, las venas de las manos o las arrugas alrededor de los ojos, y sientes que si supieras su nombre, si le oyeras dormir quieto e indefenso, le desearías la vida eterna, la carencia de enfermedad y de muerte, igual que a cualquier otro ser humano, que a cualquiera de tus hermanos. Pero enseguida te das cuenta de que la incomunicabilidad tiene doble signo, de que cualquiera de nosotros somos para ellos tan perfectamente intercambiables y anónimos como ellos para nosotros. Porque si no, ni pegarían por la calle, ni dispararían contra todo el que no vea o se salte un control, ni torturarían a sospechosos para ver si así sale el hijo que lleva al “terrorista”.

Y más terrible aún que esta incomunicación cruel es la evidencia de que, para que el sistema siga, es indispensable que ninguno de nosotros tenga nombre, ni duerma, ni haga gestos de frío o de amor; somos simplemente “terroristas”, “parados” o “pasotas”, y con una significación personal cercana al caos, a la nada, cogidos por la ilógica implantación de esta enorme sociedad para la que los presupuestos se cuentan por miles de millones, los ejércitos por divisones enteras y los obreros por ramas de actividad. nuestra muerte, la de todos y cada uno de nosotros, sólo posee una significación estadística.

BELTZA (Emilio López Adán), Euskadi 1984

(Gracias a Iñaki Egaña por el facsímil)

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comentarios
  1. Curro dice:

    Ay no se puedecir lo mismo de las vitimas de ETA, no tenían un nombre una familia y unos amigos?? que solo saben mira palao suyo ASESINO

    • QK dice:

      Si te hubieses molestado en leer todo el post y no sólo las tres o cuatro primeras líneas, habrías visto que precisamente esa es la reflexión que hace el autor. Por otra parte, miembros de Bildu han asistido a actos oficiales en homenaje a víctimas de ETA; sin embargo, ¿cuántos miembros del PP$oE o de la AVT han ido a actos en recuerdo de víctimas del terrorismo de Estado?

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