Uno de los lugares que más me apetecía visitar de Iparralde era Ezpeleta. Conocía, cómo no, sus exquisitas piperrak, que había probado en polvo, como condimento, y en piperrada, en un sagardo eguna de Astigarraga; conocía su famosa feria del pottoka; pero lo que más me llamaba la atención era la historia de su baronía.

La gran mayoría de los topónimos éuscaros son autodefinitorios; es decir que si un caserío se llama, pongamos por caso, Zubialde, es porque se encuentra, o se encontraba en el momento de adoptar ese nombre, al lado de un puente (de zubi, ‘puente’ y alde, ‘de la parte de’ o ‘junto a’); o si un lugar se llama Astigarraga, es porque en él abundan los arces (de astigar, que significa ‘arce’, y el sufijo -aga que quiere decir ‘lugar de’). Sin embargo, esto no se cumple en este caso, porque Ezpeleta significa ‘bojedal’ y en este lugar no abundan los bojes.

Y es que el nombre del pueblo debe su origen a una familia noble de Nafarroa, en cuya tierra solariega esta planta sí se encuentra en abundancia. La estirpe de los barones de Ezpeleta se asentó aquí hacia el año 1000 y su presencia fue ganando peso en la comarca con el paso de los siglos, convirtiéndose su castillo en un símbolo del lugar. Tras la muerte sin descendencia de Juliana, la última baronesa, en los albores de 1700, tanto el castillo como el mismo título nobiliario pasó a propiedad de los habitantes del pueblo. Así pues, desde hace más de tres siglos, el alcalde de Ezpeleta se convierte automáticamente en barón mientras dure en el ejercicio de su cargo. Probablemente sea el único título nobiliario que se adquiere democráticamente; quizá por eso tuvo tan poco éxito la Révolution por estas tierras.

  

En fin, que si terminaba el mes pasado con aquella deliciosa excursión a Oleta, éste, para celebrar el Solsticio y aprovechando la buena disposición viajera de Mari Soni, que es la que pone la voiture, nos plantamos mis chicas y yo en el corazón del Lapurdi rural, “un país verde que vive tranquilo, alejado y protegido de los grandes centros turísticos de la costa lapurtarra; con el macizo pirenaico rozando el cielo y sellando el horizonte hacia el sur, los viejos caseríos de Ezpeleta son un testimonio vivo de la historia menos conocida de Euskal Herria” (en palabras de Álvaro Muñoz e Ibon Martín).

   

Las biperrak (como se llaman en dialecto labortano) son omnipresentes en todo el lugar, ya estén secándose en las fachadas o en ristras para su venta en comercios o en los tradicionales carritos de forja. A estas alturas del año, presentan ya un color muy oscuro, pero debe de resultar llamativo ver el pueblo tras la cosecha, a finales de setiembre, o en la feria de octubre, cuando los pimientos todavía conservan su color rojo chillón.

  

En lo alto de un pequeño promontorio que preside la villa, se levanta el robusto castillo de Ezpeleta. De cuerpo rectangular y torre circular, data del siglo XIV y conserva en su entorno restos de lo que fue su foso. En la actualidad, el castillo es el centro de la vida administrativa de Ezpeleta. En la planta baja se encuentran las oficinas del ayuntamiento y un solemne salón de plenos. El primer piso es la sede de la oficina de turismo y la biblioteca, mientras que la planta alta está acondicionada para acoger diversas exposiciones.

   

El rumor del pequeño riachuelo que divide Ezpeleta en dos dota de una banda sonora relajante al entorno ajardinado junto al que se asienta la iglesia de Saint Etienne (s. XVI). Robusta como una fortaleza, presenta un imponente campanario-porche renacentista y se asienta sobre contundentes contrafuertes.

    

En su interior, típicamente labortano, guarda un retablo barroco dorado que representa la lapidación de Saint Etienne. Frente a él, se levantaron tres pisos de galerías como respuesta práctica al crecimiento demográfico que experimentó la comarca según avanzó el siglo XVI; mi cámara no da para más: con flash se ve muy oscuro, y sin flash, es mi pulso el que no da para más… A la sombra del templo, en lo alto de la escalinata de acceso, aparece un discreto cementerio en el que destaca el mausoleo art decó de la que fue la primera “Miss Francia” con diecisiete añitos, Agnès Souret.

    

Bajo los contrafuertes de la iglesia, encontramos los restos de un primitivo cementerio euskaldun con notables estelas funerarias (hilarriak) muy bien conservadas y que aún esperan ser estudiadas como se merecen (al menos yo no he encontrado el menor trabajo sobre ellas).

alquitara  

Como en Iparralde se nota la colonización gabacha en sus costumbres, también nos quedamos con las ganas de visitar la tienda y el museo del chocolate de mi tocayo Antton chocolatier, ya que allá a las seis de la tarde, aunque sea en plena canícula, todo cierra y la vida en la calle languidece hasta recluirse en los bares y las pocas terrazas que permanecen abiertas. Y eso hicimos antes de marchar, tomarnos unos traguitos tímidos en el emblemático Hotel Euzkadi (probablemente el edificio más fotografiado de Ezpeleta), con el firme propósito de volver para la Biper Azoka.

[Más información: 70 pueblos para descubrir Euskal Herria, A. Muñoz e I. Martín]

~•<[ACTUALIZACIÓN]>•~

Añado unas foticos de Mari Merche y Mari Soni; entre ellas, el mausoleo de Agnès Souret -que comentaba antes-, una pose de Luma cual hierática esfinge, y los puritos de chocolate de Mari Soni (con su bebedizo gabacho a base de granadina).

   

Y la puñetera fuente…; mientras nos devanábamos los sesos para ver cómo funcionaba, la bellaca de Mari Merche se dedicaba a eternizar el momento entre risotadas con silenciador (para que no nos coscásemos, claro).

  

comentarios
  1. Merche dice:

    Pero que bien se ven las excursiones cuando tu las narras!!!!.
    Y yo que hasta ahora iba a los pueblos y decia: me gusta esa casa, o… bonita iglesia, y cosas así, sin enterarme de que estilo y/o siglo eran…toda una vida mal viajada…., aunque las oficinas de turismo siempre me han parecido lugares interesantes, la pena es que la mayoria se limitan a darte el plano de rigor y ya está. 😉

    • QK dice:

      Me sonrojas, jiji :#)
      Lo de las oficinas de turismo es lamentablemente cierto en lo referente a los planos; claro que, en esos casos, suele haber otros planos de pago que sí son mucho más completitos… Como curiosidad, conservo el que me dieron en Barcelona: ¡semejante inmensidad de urbe en un folio! Sólo se distinguían los MacDonalds, eso sí. Claro, al lado, había otro plano al módico precio de 9,95€ que era una monada, jeje.

  2. […] debido a la lamentable influencia de las costumbres y leyes gabachas (de la que ya me quejaba en el post de Ezpeleta), todo txapa prontísimo, y cuando quisimos volver a la boulangerie a comprar más pasteles de […]

  3. la Mari Sonia dice:

    La verdad es que ha merecido la espera… Me ha encantado el reportaje. Luma también te agradece los comentarios.

  4. […] rescatadas y restauradas, aunque aparentemente de una antigüedad mucho menor que las de Ezpeleta o las de Elorrio. Es un lugar agradable, propicio para la charla relajada y el paseo, muy parecido […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s