La flor del cerezo

Publicado: 2012/03/21 de QK en trigas / aukerak
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Despertó y supo que estaba sonriendo. Tendido sobre la hierba, abrió los ojos: el cerezo sobre su cabeza dejaba ver trozos de cielo entre los gajos de flores. Miró a su lado y ahí estaba ella, acurrucada sobre el pasto, como si durmiese, pero con los ojos sobre él. También sonreía, y en sus labios aún enrojecidos había una expresión de amor e incertidumbre.

—¿Me quieres? —preguntó, sabiendo la respuesta.

El kimono entreabierto dejaba ver nuevamente sus hombros de porcelana; en el cabello suelto habían quedado atrapadas unas flores sueltas. El suelo estaba cubierto de ellas. Le acarició la frente y tomó una florecilla rosa.

—¿Sabes qué me gusta de esta flor? —dijo.

Pero ella callaba.

—Que me recuerda a ti.

Ella sonrió y bajó los ojos. Akihiro oyó entonces un leve zumbido —¿acaso una abeja en la copa florida?— y luego un silbido agudo. Miró hacia el pueblo cercano, Hiroshima, y un resplandor súbito lo inundó.

No escuchó nada. No sintió nada. Las cenizas cubrieron las llanuras quemadas.

Roberto Pérez-Franco, La flor del cerezo

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