Las indulgencias

Publicado: 2011/05/10 de QK en ideyas / ideiak
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Es difícil contener la emoción cuando se habla del gran Francesco della Rovere, [más conocido como] Sixto IV (1471-1484). Tenía varios hijos, denominados según la costumbre de la época “sobrinos del Papa”. El predilecto de Sixto era Pietro Riaro, nacido de una desenfrenada noche que mantuvo con su propia hermana. El Santo Padre le hizo Obispo de Treviso, Cardenal Arzobispo de Sevilla, Patriarca de Constantinopla, Arzobispo de Valencia y Arzobispo de Florencia. Mientras era Cardenal de Sevilla, se hacía acompañar por numerosas mujeres, a las que solía agradecer sus “favores” con bienes de la Iglesia.

Pero volvamos a nuestro admirado Sixto IV. A él le debemos la magnífica capilla que lleva su nombre y que actualmente es usada para la elección de los Papas. Como los anticlericales somos cortos de miras, voy a dar más pistas: la Capilla Sixtina. En ella los cardenales y los papas solían celebrar orgías sexuales. Como curiosidad, se usó como establo de Napoleón. Una finalidad bastante noble, teniendo en cuenta los usos que había tenido en el pasado.

Tanto dispendio en orgías y festines repletos de comensales hacía necesaria la búsqueda de financiación extra. Sixto fue el primer Papa que autorizó los burdeles en Roma; los treinta mil ducados al año que aportaban era un poderoso motivo. También impuso a los curas que mantenían concubinas una contribución. Otra fuente de ingresos era el otorgamiento de privilegios a los que tenían dinero, para “ofrecerles la posibilidad de solazarse con ciertas mujeres en ausencia de sus esposas”.

El Espíritu Santo iluminó a Sixto. Descubrió una nueva fuente de riqueza que supondría una nueva vuelta de tuerca de los sacrificios del pueblo por el bien de la Cristiandad: las indulgencias aplicadas a los difuntos. Merchandising y marketing católico en pleno siglo XV. El Catolicismo enseña que la Iglesia puede trasladar a los pecadores que están en el purgatorio las buenas obras “sobrantes” de los justos. Previo pago, claro está, de la tarifa establecida. Las almas atormentadas de los difuntos, que esperaban un futuro incierto en esa invención del Purgatorio, podían liberarse gracias al Papa, con la condición de que los creyentes pagaran una cantidad estipulada. A los campesinos analfabetos se les hacía creer que, gracias a las indulgencias, sus seres queridos abandonarían esos terribles padecimientos del purgatorio y tendrían un lugar junto a Dios en el Cielo. ¿Qué pobre labrador no daría todo lo que tiene por su padre o madre fallecido? Todo y más.

Desde el siglo X la venta de reliquias estaba resultando poco rentable. Durante mucho tiempo Roma se dedicó a exportar los cadáveres completos o fraccionados de santos. Eran vendidos a devotos peregrinos por grandes cantidades de dinero. Los que más podían pagar se llevaban el cuerpo entero; los menos afortunados, se conformaban con un dedo de un pie o de una mano. En las catacumbas, los Pontífices tenían una buena cantera de “souvenirs” para vender. Pero como casi todo, se fueron acabando.

La genialidad de Sixto consistió en que vendía valores intangibles, algo así como la burbuja de las punto.com o la reciente burbuja inmobiliaria, en el mercado celestial, donde tenía el monopolio absoluto. El Papa se enriqueció mientras el pueblo se iba empobreciendo cada vez más. El Purgatorio no encontraba justificación en las Sagradas Escrituras. Sólo en la avaricia del Papa. Simon Fish, en A Supplicacyon for the Beggars, escrito el 1529, lo diría así: “No hay ni una sola palabra en las Sagradas Escrituras que aluda a ello y, por otra parte, si el Papa con sus perdones pudiese liberar un alma desde aquí, podría hacerlo sin necesidad de dinero: de poder liberar a una sola, podría liberar a mil; y si puede liberar a mil, podría liberarlas a todas; y, por tanto, aniquilar el Purgatorio. Entonces, resulta ser un cruel tirano, carente de toda caridad, si las mantiene en cautiverio atormentadas, hasta que los hombres le den dinero”.

Fuente: Aina AndalussaCrímenes del Cristianismo

comentarios
  1. me gusta como pensaba el tio ese

  2. juan dice:

    interesante el dato. que màs podrìamos esperar del papado. sus mentes, como hoy, pensaban en la carnalidad de la màs profunda abominaciòn satànica. Esos hechos se siguen practicando; pero serà aùn peor antes que Jesùs venga.

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