Un repaso a la tauromaquia en España

Publicado: 2011/01/25 de QK en ideyas / ideiak
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Es para mí una satisfacción (…) poder esbozar aquí cuál es la situación de los festejos taurinos en España. Por cuestiones de espacio, lo voy a hacer simplemente como una enumeración de factores, y permitiéndome unas conclusiones paralelas.

Los números:
En España la cifra de toros de diferentes edades o de vaquillas torturadas y asesinadas en corridas o celebraciones cavernarias de todo tipo es difícil de calcular, debido a que son innumerables las localidades en las que no habrá dinero para alumbrado o para un centro de salud, pero sí para financiar estas salvajadas; sin embargo, podemos estar hablando de unas 15.000 criaturas muertas cada año sólo en corridas, a las que habría que sumarles muchos miles mas en el resto de modalidades, que algunos estudios cifran en unas 40.000 anuales.

El espectáculo:
Aquí disponemos de las tradicionales corridas, en las que los toros son debilitados previamente mediante golpes, pinchazos, obstrucción de vías respiratorias o sustancias irritantes, además del tan común afeitado, que cercena parte del cuerno del animal afectando a menudo a zona sensible, con lo que pierde la efectividad de su defensa, muestra errores de cálculo en las distancias y se ve disminuido por el dolor de la herida.
Luego vienen las diferentes suertes (siempre fatídica si nos referimos al toro): el picador, que destroza ciertos músculos del animal para que no pueda levantar bien la cabeza; las banderillas, con su carga de dolor y de menoscabo de fuerza; por último la espada, que debería de conducir al toro a la asfixia por la presencia de sangre en sus pulmones al ser atravesados. No siempre es así y otra monstruosidad viene a complementar la labor del matarife vestido de luces, el descabello, seccionándole la médula y paralizándolo, aunque no matándolo indefectiblemente de forma instantánea, por lo que a veces los toros son mutilados (para cobrarse los trofeos bañados en sangre) y retirados incapaces de moverse pero todavía vivos.
En resumen, un sufrimiento espantoso para el astado y con asiduidad también para los caballos, la otras víctimas de esta repugnante escabechina.
En cuanto a los otros festejos, en España la lista es escalofriante por lo extensa: Toros ensogados, arrastrados por cuerdas y que antes de morir, padecen lesiones en el cuello o roturas en las patas por las caídas. Toros embolados, el fuego es un elemento habitual, en los que las quemaduras y el miedo hacen que en ocasiones estos animales se suiciden golpeándose repetidamente contra una pared. Toros alanceados, como el famoso Toro de la Vega; las imágenes conseguidas de forma clandestina este año, ya que sus seguidores impiden que se realicen filmaciones por extraños, muestran la profunda crueldad de esta costumbre y la angustia indescriptible del toro.
Vaquillas del aguardiente emborrachadas; becerradas en las que espontáneos las acribillan antes de matarlas; toros obligados a lanzarse al mar o ahogados en espuma; perseguidos y golpeados por tractores; novilladas donde aprendices de matadores se entrenan con torillos; encierros, etc. Muerte y más muerte de animales y a menudo también de hombres –incluso de niños– convertida en folclore autóctono y en manifestación pretendidamente cultural.

El público:
Pocas cosas unen tanto a personas de todo tipo como la brutalidad colectiva, una especie de borrachera que abotarga la sensibilidad y exacerba la agresividad. Así que entre los asistentes y a veces también en los participantes, nos encontramos mujeres y hombres adultos, pero también a ancianos, a jóvenes y lo más desgarrador, a niños, consumiendo de la mano de sus padres esas dosis de crueldad y de violencia sobre seres desamparados y carentes de cualquier protección legal. Esa gente, capaz de llevar por otra parte una vida normal, se transforma en horda en estas situaciones y como tal, pocos reparos tienen en valerse de los puños, de piedras o de palos, cuando se encuentran frente a aquellos que rechazan el maltrato a los animales. Por supuesto, al igual que ocurre con el toro, sólo se atreven a atacarles cuando les superan con mucho en número y no existen fuerzas de seguridad en número suficiente para impedir la agresión. Eso se denomina cobardía, que suele ir unida al gusto por ver sufrir a víctimas indefensas; es una especie de pasión por los linchamientos sólo condicionada o limitada por las circunstancias.

Los que subvencionan:
Cualquier festejo taurino o corrida de toros, con muy pocas excepciones, es deficitario, por lo que necesitan ser sufragados para poder celebrarse. El dinero se obtiene del erario público, con lo que todos, incluido Usted, que abomina de la crueldad con los animales, lo pagamos. Para que resulte más fácil de digerir este expolio empleado en subvencionar crímenes, nos adornan el asunto con aditamentos artísticos o culturales, con declaraciones de interés general o turístico, o con ciclos y conferencias en los que se nos explica que no, que no es brutalidad, sino pedagogía y señas de identidad populares. Pero en definitiva y dejando de lado apreciaciones especistas, es como si la Administración pagase cantos rodados para realizar lapidaciones públicas. Por cierto y al hilo de esto, ¿sabían que en el Ayuntamiento de Ronda (Málaga), durante las fiestas, una de las diversiones consiste en colgar conejos, palomas y pollos y matarlos a pedradas? Pues bien, es el propio Ayuntamiento quien vende a los participantes los proyectiles a través de la comisión de fiestas, como un recurso más para financiarlas. Decir a modo de conclusión y como invitación a la reflexión, que en España la tauromaquia se lleva anualmente del orden de 600 millones de euros en concepto de ayudas y subvenciones.

Los beneficiados:
Son principalmente los ganaderos, los toreros con sus cuadrillas y los empresarios taurinos. Para todos ellos esto es simplemente un negocio y el que suponga el sufrimiento de un ser vivo en modo alguno les perturba, porque lo único que les preocupa son los números de su cuenta corriente. Es inevitable establecer un paralelismo moral con aquellos que se lucran gracias a la explotación sexual, a las drogas o al tráfico de armas, y cómo no, tienen preparada una batería de argumentos, absurdos y repetitivos, para enfrentarse a las críticas cada vez mayores que reciben por el hecho de ganarse la vida acabando con la de otros.

La sociedad:
En su mayoría contraria a provocar sufrimiento en los animales, como lo corroboran todas los estudios de opinión, es sin embargo todavía muy escaso el número de personas que personalmente o a través de algún colectivo, están comprometidas en la erradicación de esta truculencia, algo que no extraña cuando es habitual que no se intervenga si se oyen gritos en casa del vecino. La comodidad, el egoísmo y el miedo a los problemas, son factores que benefician a los maltratadores, porque impiden que se eleve una protesta contundente a los responsables de la pervivencia de estos actos feroces. Es una labor lenta, de información y educación, en la que los padres, los profesores, los medios de comunicación y las asociaciones animalistas, juegan un papel fundamental. Porque no podemos dejar como herencia a nuestros hijos un país en el que torturar y matar a los animales sea lucrativo para unos pocos y divertido para bastantes más, además de fuente de votos para ciertos políticos que no merecen el cargo que ostentan.

Pero la esperanza de que esto cambie es algo más que una utopía en este momento, porque jamás se ha hablado tanto y tan seguido de este asunto como ahora. Las asociaciones están más activas que nunca, organizando movilizaciones, mesas informativas y actos de todo tipo; contamos con un grupo político cuya intención es obtener representación, y camino de ello lleva, para introducir el debate animalista entre los legisladores; y determinados medios de comunicación tanto radiofónicos como prensa escrita y digital, incluso alguna cadena de televisión, se están dando cuenta de que la postura digna y cabal no es callar o permanecer al servicio de los intereses taurinos, sino transmitir a su público una información veraz y servir de vehículo para la desaparición de estas muestras de iniquidad humana y de atraso.

Se podría escribir de forma indefinida sobre esta tragedia y siempre quedarían capítulos sangrientos y espeluznantes pendientes de ser plasmados, pero a día de hoy, conocemos lo suficiente como para dejar de ser cómplices, cada uno en su medida, de costumbres que nos sumen en mayor atraso que el demostrado por culturas existentes hace muchos siglos, pues ellos ya consideraban inadmisible lo que aquí sigue siendo un hecho cotidiano y legal.

Julio Ortega Fraile

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comentarios
  1. crac dice:

    Contundente y clarito, para que lo pueda entender hasta un taurino.
    Lástima que no servirá de nada porque los taurinos no leen.

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