Lázaro y el escudero

Publicado: 2010/11/04 de QK en trigas / aukerak
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Pues, estando en esta afligida y hambrienta persecución un día, no sé por cual dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un real. Con el cual él vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro de Venecia; y con gesto muy alegre y risueño me lo dio, diciendo: “Toma, Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano. Ve a la plaza y merca pan y vino y carne: ¡quebremos el ojo al diablo! Y más, te hago saber, por que te huelgues, que he alquilado otra casa, y en ésta desastrada no hemos de estar más de en cumplimiento el mes. ¡Maldita sea ella y el que en ella puso la primera teja, que con mal en ella entré! Por Nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno; mas ¡tal vista tiene y tal obscuridad y tristeza! Ve y ven presto, y comamos hoy como condes.”

Tomo mi real y jarro y, a los pies dándoles priesa, comienzo a subir mi calle encaminando mis pasos para la plaza muy contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituido en mi triste fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y así fue éste. Porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que emplearía que fuese mejor y más provechosamente gastado, dando infinitas gracias a Dios que a mi amo había hecho con dinero, a deshora me vino al encuentro un muerto que por la calle abajo muchos clérigos y gente en unas andas traían.

Arriméme a la pared por darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto, y con ella otras muchas mujeres; la cual iba llorando a grandes voces y diciendo: “Marido y señor mío, ¿adónde os me llevan? ¡A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen ni beben!”

Portada de la primera edición (Medina)

Yo que aquello oí, juntóseme el cielo con la tierra, y dije: “¡Oh desdichado de mí! Para mi casa llevan este muerto.” Dejo el camino que llevaba y hendí por medio de la gente, y vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que pude para mi casa. Y entrando en ella cierro a grande priesa, invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome de él, que me venga a ayudar y a defender la entrada. El cual, algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo: “¿Qué es eso, mozo? ¿Qué voces das? ¿Qué has? ¿Por qué cierras la puerta con tal furia?”

“¡Oh señor -dije yo- acuda aquí, que nos traen acá un muerto!”

“¿Como así?”, respondió él.

“Aquí arriba lo encontré, y venía diciendo su mujer: “Marido y señor mío, ¿adonde os llevan? ¡A la casa lóbrega y obscura, a la casa triste y desdichada, a la casa donde nunca comen ni beben! Acá, señor, nos le traen.”

Y ciertamente, cuando mi amo esto oyó, aunque no tenía por qué estar muy risueño, rió tanto que muy gran rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenía ya yo echada la aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por más defensa. Pasó la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le habían de meter en casa. Y despues fue ya más harto de reir que de comer, el bueno de mi amo díjome: “Verdad es, Lázaro; según la viuda lo va diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que pensaste; mas, pues Dios lo ha hecho mejor y pasan adelante, abre, abre, y ve por de comer.”

“Déjelos, señor, acaben de pasar la calle”, dije yo.

Al fín vino mi amo a la puerta de la calle, y ábrola esforzándome, que bien era menester, según el miedo y alteración, y me torno a encaminar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito el gusto yo tomaba en ello. Ni en aquellos tres días torné en mi color; y mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi consideración.

Lazarillo de Tormes, Anónimo.

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Podéis descargarlo en formato PDF desde aquí.

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comentarios
  1. L'Oscar dice:

    hombre ya hacía mucho que nos ponías algún clásico 😀
    muy bueno eh!

  2. QK dice:

    Bueno, los clásicos nunca están de más… 🙂
    Aunque, rebuscando en mi retorcida psique, creo que el verdadero motivo (o la razón inconsciente) de haber compartido con vosotr@s este episodio es la evocación de Toledo, donde estuve hace un año para estas fechas en un Curso sobre Moraterapia y Sistema Nervioso, invitado por el jefazo de Mora Hispana, que es un antiguo alumno de Teruel (…y amigazo y compañero de aventuras inconfesables, juojuojuo!!!).
    La verdad es que me encantó Toledo (y sus carcamusas, hmmm!) y me hizo pensar que por qué no se dedicarán estos españoles a cuidar las cosas bonitas que tienen y nos dejarán a nosotros en paz de una puñetera vez 😦

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