¿Por qué la prostitución nos parece tan sórdida e indigna? Porque proyectamos en ella la sordidez de nuestra propia vida, nuestra propia indignidad de mercancías humanas.

En una sociedad-mercado en la que todo (menos el cariño verdadero) se compra y se vende, en la que la inmensa mayoría de las personas venden la mitad de su vigilia (y la casi totalidad de sus sueños) por un puñado de monedas, la prostituta es la perfecta metonimia –a la vez emblema y chivo expiatorio– de la degradacción colectiva. Pues la p(rostit)uta –a la que un peyorativo síncope, como si no fuera digna ni de un nombre completo, convierte en “puta”– vende, literalmente, su cuerpo, mientras que los demás solo vendemos el alma, que no se ve (ni se toca), lo que nos permite proyectar nuestra humillación cotidiana, nuestra alienación, en otras servidumbres menos encubiertas, acaso menos hipócritas.

La prostituta vende su sexo, que se considera la parte más íntima y personal del individuo (“El cerebro es mi segundo órgano favorito”, dice Woody Allen, que no en vano es el ídolo de los mediocres, sobre todo de los varones). Pero quienes consideramos que nuestra parte más íntima y personal –nuestro primer órgano favorito– es el cerebro, deberíamos reflexionar un poco sobre las múltiples formas de prostitución a las que nos aboca esta sociedad-mercado. No tomemos el efecto por la causa, la parte por el todo. Todos somos putas.

Las exquisitas presentadoras de televisión que, asomadas al balcón de su calculado escote, llaman “tropas de ocupación” a los terroristas judeocristianos que violan, torturan y asesinan a hombres, mujeres y niños iraquíes, y acto seguido, con la misma elegancia (esa elegancia imperturbable que las convierte en candidatas a princesas), llaman “radicales islámicos” a quienes heroicamente defienden a su pueblo de los terroristas, prostituyen algo más que sus seductoras sonrisas y sus calculados escotes.

Por no hablar de los periodistas. ¿Qué decir, por ejemplo, de los columnistas de los principales diarios del Estado español que, al llamado de sus directores-madames (algunos con liguero y todo), se bajan los pantalones metafóricos (metonímicos, mejor dicho) para poner su honra intelectual al servicio de los espúreos intereses de sus amos? ¿Cuánto cobra Juan Luis Cebrián por decir que el Che era un terrorista? ¿Cuánto cobra Fernando Savater por vender sus escasas neuronas y su carné de filósofo a quienes ven –y con razón– en la izquierda abertzale uno de los más peligrosos enemigos de la barbarie neoliberal?

La reciente ofensiva desplegada por el Ayuntamiento de Madrid contra la prostitución callejera, además de su gravedad intrínseca, adquiere en estos momentos una notable importancia simbólica. Los mismos canallas que han apoyado la “liberación” de Iraq (por el expeditivo método de torturar, violar y asesinar a sus habitantes), quieren “liberar” a las prostitutas (sobre todo a las inmigrantes) estigmatizándolas, criminalizándolas y condenándolas a la miseria. La campaña iba a llamarse “Libertad duradera”, pero como el nombre ya estaba asignado a otra iniciativa de los mismos promotores, ha acabado llamándose “Plan contra la esclavitud sexual”. Y de nada sirve que las prostitutas se manifiesten y declaren una y otra vez que no son esclavas de nadie, que tienen derecho a hacer con su cuerpo lo que les dé la gana: Botella y Gallardón (y algunas feministas de salón, dicho sea de paso) saben mejor que ellas lo que les conviene. Porque las prostitutas son, ante todo, mujeres, y el patriarcado (el gran rufián de las verdaderas esclavas sexuales, que son las amas de casa) no puede tolerar que las mujeres sean dueñas de su propio cuerpo y abandonen el ámbito de sumisión en el que se intenta confinarlas desde el neolítico. Una mujer que explicita y autogestiona su sexualidad, que se alquila en vez de venderse, como las esposas, que tiene muchos clientes en lugar de un solo amo, es un paradigma perturbador, un espejo en el que pocos –y pocas– se atreven a mirarse.

En última instancia, lo que los neofascistas les niegan a los demás –sean iraquíes, vascos o mujeres– es el derecho a la autodeterminación. Y eso mismo –el derecho a la autodeterminación de las personas y los pueblos– es lo que tenemos que defender por encima de todo, en todos los frentes, contra los verdaderos terroristas. Es decir, contra el terrorismo de Estado.

Carlo FrabettiContra el Imperio

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comentarios
  1. jorge dice:

    Joder QK me ha encantado este artículo, hay partes qe he tenido que coger los apuntes de Filo de hace dos años (alienante).
    De hecho voy a coger el link y ponerlo en mi tablon; supongo que no tendrás problema, ¿no?

    • QK dice:

      Me alegro mucho de que te haya gustado; es que Carlo Frabetti es un fiera!
      Por supuesto que puedes pillar el link; cuanto más se difundan estas cosas, mejor. Además, todo lo que hay en el Blog es “creative commons” o “copyleft” (y los artículos de Frabetti, también).

  2. Peru dice:

    la verdad esque en este articulo tas lucio amigoh

  3. miaulo dice:

    me ha calado mucho este articulo, eres un maquina, ojala se te pueda leer en el mundo entero

  4. chuchi dice:

    La puta es la profesional mas vieja del mundo, dudo mucho que una hembra chimpance cuando ofrece sexo a los machos a cambio de carne le importe tres cojones vuestro concepto de venta de alma o cuerpo, vuestra izquierda abertzale, vuestro victimismo historico y todas esas pantomimas. Pero vosotros podeis seguir en vuestros mundos de yupi, donde nada es indigno, donde nada es malo solo depende de como se mire, y donde el follar terminara siendo un acto de intercambio cultural o politico entre dos entes o entas venidos al mundo para ser felices o felizas y dignos y esas chorradas. Cuando entendereis que somos de la misma puta materia y babas que los putos gusanos y que toda la mierda que nos inventamos en nuestras cabezas e imprimimos en papeles se va tomar por culo en cuanto volvemos al estado de naturaleza del que algunos estan totalmente alienados.

    • Conrado Lorenzo dice:

      Y con esta parrafada incongruente y contradictoria, ¿qué es lo que pretendes decir?
      Si es que lo sabes, claro…
      Porque la impresión que das es que llevas una empanada mental elegante, que utilizas palabras que no tienes ni idea de lo que significan, pero que te parece que suenan bien, y que hablas sólo para que te presten atención, sin saber siquiera lo que quieres decir.
      Una impresión bastante patética, vaya.

      PD: Para empezar, los chimpancés son esencialmente herbívoros; tan sólo son carnívoros de manera oportunista…

  5. Carlos dice:

    La prostitución no es nada comparado con la política.

  6. […] encontrar unas cuantas más serias o trascendentes, como el artículo de Carlo Frabetti “Todos somos putas“, los 10 argumentos antitaurinos, la página antifutbolera o el post sobre Wikileaks. Cinco […]

  7. Gabrielle dice:

    Veo que el post tiene un tiempo ya pero me ha encantado igual porque es de esos que puedes leer cuando quieras, y siempre tendrá sentido. Como mujer que soy (que parece que todas tenemos que ser feminazis o algo así), entiendo y defiendo cada palabra. Soy de la opinión de que la prostitución nunca podría abolirse y que, lo que habría que tener webs de hacer sería legalizarla de una vez para asegurarse la erradicación de la trata, que es el verdadero punto negro de todo este tema. Y que todos esos que se rasgan las vestiduras cuando salen por las noticias diciendo que hay que esconder a las prostitutas bajo las piedras a poder ser, son los mismos que luego viajan a la India para pillar niños. Que de todo habrá en la viña del señor, no digo yo, pero tanto falso idealismo no refleja (a mi perturbada manera de ver) sino unas ansias de taparlo todo para que no se vea la falta propia. Como cuando el crío te empastifa un cojín y prefiere, simplemente, darle la vuelta.. pa’que no se vea..

  8. foro adolescentes dice:

    I don’t disagree with this blog!!!

  9. Justí dice:

    Gracias por el artículo. Merece la pena leerlo. Dices lo que yo he querido decir en más de una ocasión pero no me he atrevido. Es un tema de sobremesa muy recurrido al que, sin embargo, por no herir a nadie me he guardado siempre para mis adentros. Como mucho me he limitado a comentar que la sexualidad del hombre es distinta de la de las mujeres… y después mutis y por el foro.

  10. […] a nuestro blog sigue siendo “putas” (suponemos que por el excelente artículo “Todos somos putas” de Mario Frabetti), seguido de “inteligente“, “disney“, […]

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