Dolor y muerte

Publicado: 2010/09/23 de QK en trigas / aukerak
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Ayer enterramos a Lawrence. No esperaba semejante manifestación de dolor público por parte de algunas personas. Era una persona de 84 años bien vividos ¿qué más se puede pedir si has vivido como has querido o has sabido durante tanto tiempo? A mí ese tipo de muertes no me producen dolor sino alivio porque esa persona no va a sufrir más la enfermedad y ya ha vivido lo suficiente. Entiendo que perder a un padre es doloroso, pero no debe serlo en esas situaciones sino que debe ser visto como algo natural, como una manifestación vital más, como un amanecer o más bien un anochecer. Este tipo de duelos son producto de la autosugestión para hacer ver a los ojos de los demás que su dolor es el más grande del mundo y así queden expiados sus remordimientos en relación al difunto (cosas de malos hijos) y todo el mundo piense:  “¡Oh, qué buen hijo! ¡Cómo ha sentido la muerte de su padre!” Siendo que lo que verdaderamente ha hecho ha sido dar un espectáculo lamentable.

¿Cómo evitar llorar ante una muerte natural? Considerando cosas. Hay que considerar que la vida del difunto ha sido amplia, que la ha disfrutado, que ha hecho las cosas que debía, que no ha puteado a nadie…. Y ver la muerte como algo natural, obvio y necesario para el resurgimiento de la vida.

Cuando la muerte es antinatural, como decía el poeta latino, es cuando se siente el verdadero dolor. En ese momento si que es lícito llorar, si que es lícito el flujo sentimental sin consuelo y sin límite, esas heridas ni siquiera el tiempo las cura, son las heridas abiertas que nos acompañan durante toda nuestra vida y que jamás cicatrizan, pero a pesar de ello hay que dar gracias a la vida por sentir el auténtico dolor, es una experiencia única que marcará el resto de nuestra vida, que nos acompañará siempre y que sólo unos pocos tienen la oportunidad de sentir, tienen la oportunidad de crecer como personas, de ser carne viva, de poder ver la vida con los ojos del auténtico dolor, el dolor vital. Hay que dar gracias a la vida por permitirte experimentar el verdadero dolor, pasión, amor, vida, muerte, disparate, belleza, desierto, montaña…. No hay verdad sin vida.

Seiko Nakamura, La muerte del cerezo en flor.

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