Pío Baroja, antitaurino

Publicado: 2010/08/19 de QK en ideyas / ideiak
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Pío Baroja (1872-1956), el gran novelista vasco sentía auténtica náusea ante la crueldad cobarde de las masas taurinas. En ‘El Árbol de la Ciencia‘ (1911), novela casi auto-biográfica, lo expresa así a través de Andrés Hurtado, su protagonista:

“Ideas absurdas de destrucción le pasaban por la cabeza. Los domingos, sobre todo cuando cruzaba entre la gente a la vuelta de los toros, pensaba en el placer que sería para él poner en cada bocacalle una media docena de ametralladoras y no dejar uno de los que volvían de la estúpida y sangrienta fiesta. Toda aquella sucia morralla de chulos eran los que vociferaban en los cafés antes de la guerra, los que soltaron baladronadas y bravatas para luego quedarse en sus casa tan tranquilos. La moral del espectador de corridas de toros se había revelado en ellos la moral del cobarde que exige el valor en otro, en el soldado en el campo de batalla, en el histrión o en el torero en el circo. A aquella turba de bestias crueles y sanguinarias, estúpidas y petulantes, le hubiera impuesto Hurtado el respeto al dolor ajeno por la fuerza.”

Asimismo, en su novela ‘La Busca‘ (1904), Baroja describió las impresiones de su protagonista que acudía por primera vez a una corrida. Sus expectativas de asistir a un espectáculo lleno de arte y valor, como le habían sugerido los cromos de La Lidia, se ven completamente decepcionadas:

“Le pareció el espectáculo una asquerosidad repugnante.
El suponía que los toros eran una cosa completamente distinta a lo que acababa de ver; pensaba que se advertía siempre el dominio del hombre sobre la fiera, que las estocadas serían como rayos y que en todos los momentos de la lidia habría algo interesante y sugestivo; y, en vez del espectáculo que él soñaba, en vez de la apoteosis sangrienta del valor y de la fuerza, veía una cosa mezquina y sucia, de cobardía y de intestinos; una fiesta en la que no se notaba más que el miedo del torero y la crueldad cobarde del público recreándose en sentir la pulsación de aquel miedo.”

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comentarios
  1. Rubén dice:

    Me encanta Baroja y su estilo, tan brusco, tan directo, tan vasco; sin falsos edulcorantes ni concesiones a la gazmoñería de los bienpensantes. Es el reflejo de su carácter, huraño al tiempo que vitalista. Aborrecía el nacionalismo vasco, el del PNV, por su raíz burguesa y españolista; fue un pionero del abertzalismo sin saberlo. Me lo imagino hoy día, del bracete de Tasio Erkizia, a la cabeza de cualquier manifestación por los derechos de Euskal Herria.

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